Durante los últimos 70 años, la extensa investigación en oncología ha demostrado que el cáncer tiene consecuencias psicosociales significativas tanto para las personas afectas de la enfermedad como para sus familiares. Según los datos, del 30 al 35% de los pacientes presentarán algún tipo de trastorno psiquiátrico a lo largo del proceso, siendo la incidencia variable según la etapa de la enfermedad, sus características y las del propio paciente. A su vez, del 15 al 20% de los enfermos también sufrirán algún estado de distrés que intensificará la carga emocional que la enfermedad en sí misma ya supone. 

No obstante, a pesar de todo lo anterior, debemos ser cuidadosos, ya que estas dolencias podrían pasar desapercibidas precisamente por el hecho de sufrir la persona un cáncer. El malestar emocional en el paciente oncológico es una realidad ampliamente aceptada por la sociedad y en muchas ocasiones también por el mundo médico. Ante un diagnóstico de tales características y la sucesión de cambios y pérdidas que ello implica, se considera lógico un cierto grado de distrés, algo que puede llevar a una normalización errónea de la clínica y a una invalidación del malestar del paciente, enmascarando así problemas psicopatológicos que podrían interferir negativamente en el curso de la enfermedad y beneficiarse de un abordaje especializado.

¿Qué trastornos son los más frecuentes?

Trastornos del espectro depresivo: 

Según el National Cancer Institute (NCI) se estima que, de forma global, la prevalencia de depresión en pacientes con cáncer oscila entre un 15-25%. Este diagnóstico es a menudo complejo, debido a que muchos de sus síntomas característicos (como la falta de energía o la pérdida de apetito) pueden ser comunes a los de la propia enfermedad oncológica y sus tratamientos. Por tanto, deberemos prestar especial atención a la intensidad del ánimo deprimido, la falta de interés y la presencia de sentimientos como culpa, desesperanza, baja autoestima y deseos de muerte. 

Múltiples estudios han demostrado un efecto deletéreo de la depresión en la evolución del paciente, por lo que un diagnóstico temprano será primordial. La presencia de este tipo de trastornos se habría asociado a una menor adherencia al tratamiento, una prolongación de la estancia hospitalaria, un empeoramiento de la calidad de vida y del autocuidado y, por consiguiente, a una menor supervivencia en pacientes con cáncer avanzado..Por todo ello, el abordaje especializado será primordial e indiscutible. 

Trastornos de ansiedad, trauma y estrés: 

Dentro de este tipo de dolencias, los trastornos adaptativos representan un diagnóstico frecuente en todas las etapas del cáncer, afectando a un 20-25% de los pacientes. Surgen de respuestas emocionales intensas a estresores de la enfermedad, siendo habituales síntomas como tristeza, preocupación y malestar emocional en intensidad variable, algo que en ocasiones dificulta un afrontamiento adecuado del proceso. 

También será común la presencia de fobias específicas, sobre todo en la etapa de diagnóstico y tratamiento, por ejemplo, las náuseas y vómitos anticipatorios a la quimioterapia. Asimismo, hasta un 15% de pacientes podrían experimentar estrés postraumático o sus formas subsindrómicas. 

Trastornos somatomorfos: 

La intensidad del dolor, las preocupaciones hipocondríacas y la interpretación disfuncional de las propias sensaciones corporales, forman parte de un cuadro clínico complejo relacionado con la enfermedad y el comportamiento anómalo del paciente ante la misma, algo que se relaciona directamente con la sensación de pérdida de control sobre su propia salud. 

Este tipo de trastornos, pueden magnificar los sentimientos de incapacidad del enfermo, así como interferir en la adherencia al tratamiento y la toma de decisiones, causando retrasos en la recuperación, reduciendo su bienestar general y por consiguiente su calidad de vida. 

Otros trastornos de naturaleza psicosocial: 

Además de los trastornos psiquiátricos mencionados anteriormente, existen otras dolencias clínicamente significativas que pueden suponer un deterioro en el bienestar del paciente, tales como la desmoralización, la ansiedad por la salud o la angustia existencial.

El síndrome de desmoralización se diferencia del trastorno depresivo, aunque comparte algunos de sus síntomas. Se caracteriza por la desesperanza, la sensación de fracaso, impotencia e incapacidad para hacer frente a la propia existencia. Asocia niveles variables de tristeza, síntomas a nivel físico y un desgaste de las relaciones interpersonales, así como con una pérdida del sentido de la propia vida y la creencia de que este depende exclusivamente del propio estado de salud.

Intervenciones basadas en la evidencia

El asesoramiento, la psicoeducación, la terapia de apoyo y las formas más específicas de psicoterapia, tanto en sus diferentes formatos (grupal, individual, familiar y de pareja) como en sus diferentes orientaciones (cognitivo-conductual, humanista-existencial, centrada en el sentido, psicodinámica…) se han desarrollado en el ámbito de la psicooncología, con el fin de atender de manera más específica a este tipo de pacientes. 

La elección de la intervención psicoterapéutica adecuada estará relacionada con diversas variables, entre ellas el tipo y la fase de la enfermedad, la condición psicológica del paciente y su contexto social. Asimismo, la intervención psicofarmacológica integrada ha demostrado su eficacia en múltiples situaciones, siendo además fundamental la atención colaborativa y la correcta comunicación entre los diferentes especialistas tratantes. 

Conclusiones

En la actualidad, el cáncer se considera la mayor epidemia del siglo XXI. Tanto el incremento de la incidencia, como el envejecimiento de la población y la aparición de nuevas herramientas terapéuticas que mejoran el pronóstico, contribuyen a un aumento global de la prevalencia. Su naturaleza amenazante, la sensación de vulnerabilidad e incertidumbre que genera y la presencia de limitaciones secundarias, refuerzan la necesidad de una atención integral, multidisciplinar y precoz al paciente oncológico, algo que hoy en día es posible debido a la creciente investigación y los grandes avances en el área de la psicooncología. 

Dra. Isabel Ballester

Psiquiatra especialista en psicooncología